Inicialmente, parto desde este tema, por los casos y situaciones que se me han dado en mis clases particulares. Os pongo en situación...
Desde el minuto uno, que inicie este proyecto, utilice sellos y adhesivos para motivar a mis alumnos y alumnas en sus tareas escolares, reforzar y corregir con boli verde y rojo, asociando el bien y el mal respectivamente. Destacando así los errores, pero también los aciertos. Al unísono, al finalizar las clases se llevaban un sello motivador (con frases del tipo, ¡Buen trabajo! ¡Sigue esforzandote!, ¡Felicidades!,¡Súper!...) o una pegatina de carita sonriente, de las cuales ellos y ellas elegían el color.
Durante un año y medio mi interés era motivarlos y darles valor a todo lo que hacían y aprendían. Hasta que llegó, hace unos pocos días, en los que observe como los niños y niñas me demandaban el sello cuando se me olvidaba o cuando sacaban una buena nota y querían un color de sello en concreto, porque eso sí, algunos de ellos y ellas por el color ya sabían la frase (buscando la más top). Es cierto, que a veces no les daba sello por olvido y otras veces pues los alumnos y alumnas más grandes, no lo demandaban, ni lo querían (por ser mayores), lo cual lo respetaba. Esto me ha hecho ver que el foco no estaba en el proceso de aprendizaje en sí, sino más bien en el resultado de alcanzar la recompensa (pegatina/sello).
Ya en varios casos, me doy cuenta que algunos alumnos y alumnas, nada más llegar me preguntaban "¿Qué sello les iba a dar? O ¿Qué pegatina tocaba hoy? Siendo una "costumbre" por ambas partes, el realizar este refuerzo. Este hecho, hace que me de cuenta que esta práctica da buenos resultados, pero también está creando en mis alumnos y alumnas dependencia.
Entonces, veo incluso que esa motivación extrínseca beneficia hasta un punto, siempre que exista un equilibrio entre esta y la motivación intrínseca. Por ello, es conveniente transmitirles que ellos no necesitan ese sello, porque tienen esa motivación intrínseca, voy a las clases a aprender sin importar los errores o fallos que tenga (de este tema también hablaré en otra entrada). El error es cuando nos acostumbramos a los halagos del adulto u otros, sin desarrollar esa motivación intrínseca.
Como reflexión desde lo consciente y visible en las conductas de mis alumnos, reconozco que parte de responsabilidad es mía. Ya que en su momento tomé esa decisión, la cual tuvo resultados a corto plazo, pero no pensé (sino es por la práctica) que tanto ellos y ellas, como yo, lo tendríamos incorporando de manera tan automática; no viendo, por mi parte, el lado desfavorable que tiene esta herramienta tan utilizada en la Educación. Donde creo yo misma un juicio de valor en las actividades y tareas escolares, que hace que cree una adicción en mis alumnos e influya en sus emociones e incluso conductas, cumpliendo con los del adulto y esto dependa de esta táctica.
A partir de ello, he estado reconsiderando también mi lenguaje hacia ellos y ellas, en el sentido de utilizar las expresiones ¡Muy bien! ¡Bien hecho! ¡No así no es! ¡Esto es un churro!, etc. Al respecto, la lectura del artículo "5 razones para dejar de decir "Muy Bien" de Alfie Kohn, que se recomendaba en un podcast de Educación Respetuosa de Marta Martín. Son muchos los motivos en los que es necesario tomar y usar otras alternativas, y cuidar los adultos y profesionales nuestras palabras, favorecer espacios donde entablemos un diálogo con nuestros alumnos y alumnas que no repercuta en su autoestima, control del comportamiento y esa dependencia de la que hablaba anteriormente, sino más bien que ellos se den cuenta de sus logros y disfruten tanto de sus éxitos como de sus fracasos, viendo ambos desde el aprendizaje, pues así es el proceso.
En síntesis, registrar estas situaciones y estas reflexiones a partir de ellas, me ayudan a dar el paso hacia la mejora. Pues nunca es tarde, si nos damos cuenta a tiempo. Por ello, a partir de ahora intentaré prestar mayor atención a mis palabras, pretendiendo usar frases de aliento y evitar las frases de elogios. Mi principal objetivo es respetar sus procesos individuales del aprendizaje y conectar con sus emociones y, desde el amor y la valoración de sus esfuerzos, dejando de lado el resultado.
Frase recogida: "Nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo, que porque nuestros niños necesiten oírlo".

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