Todos en algún momento de nuestra historia escolar hemos tenido la experiencia de contestar a una pregunta con seguridad de saberla, y después el profesor /a respondernos que es incorrecta. En algunos casos, el profesor /a pasa a otro niño/a para que responda a la pregunta y en otros casos nos han dicho unos comentarios poco afortunados, que nos hacen sentir avergonzados o humillados. Son sentimientos momentáneos, pero si se reiteran estas humillaciones, esta la posibilidad de producirnos una inhibición, puesto que no nos sentiremos con la seguridad ni confianza para lanzarnos a responder otra pregunta. Y es aqui, donde yo quiero llegar, tras el caso de un alumno, donde ve el error desde el lado negativo.
Os pongo en situación:
Al observar que mi alumno ante la corrección de una tarea muestra sentimientos de impotencia y tristeza, e incluso inaceptación. Decido trabajar con él estos sentimientos y guiarlos a una nueva perspectiva, más enriquecedora para él. Puesto que para aprender, se necesita equivocarse, aceptar que todo no nos puede salir bien a la primera. Que existe un proceso de aprendizaje en el que el error también tiene cabida.
A partir de ello, decidí poner en mi espacio frases motivadoras visibles a todos mis alumnos /as, con el fin de leerlas diariamente, y tratar con naturalidad los errores que cometemos, si, porque todos los cometemos.
Me pareció muy interesante, además, mantener diálogos con este alumno en concreto, cuando está situación de tratar los errores generaba en él cierto nerviosismo o frustración. Pues hablando con la familia, también habían recibido comentarios del tutor en el ámbito escolar, sobre su actitud. El niño no me permitía corregirlo, él aseguraba que la tarea estaba bien. El hecho de borrarle el ejercicio porque estaba mal, hacía que se pusiera a llorar. No llegaba a entender porque se lo borraba. Con él tiempo, dejándole espacio y dialogando entendió que fallar esta permitido que no es un problema. Sino más bien, una oportunidad para entender lo que hacemos con sentido y desde el entendimiento, sabiendo que tenemos la opción de mejorar a partir de esos errores. Esta mejora viene de la mano de facilitar o buscar herramientas que nos lo permita.
Gracias a la neuroeducación, se ha demostrado que el error es fundamental para que exista aprendizaje, gracias a la plasticidad de nuestro cerebro podemos aprender tanto de los aciertos como de los errores. Esa perspectiva negativa frente al fallo, como antiguamente se tenía, hace que actualmente y con sustento de estudios de la neuroeducación se acepte el error y no se evite en el proceso de aprendizaje. Al fin y al cabo, desde la perspectiva constructivista, el error es un desajuste entre lo esperado y lo obtenido. Anteriormente, era castigado, pero ahora existe otras perspectivas que permiten analizar y profundizar las causas del error o incluso mejorar aquello que falta por entender, por aprender, por cambiar, etc.
Para terminar, deciros que la forma de corregir el error en los más pequeños, se aleja de la humillación y desvalorización hacia el niño o niña, en sus intentos por hacer las tareas lo mejor que pueden y saben. Por eso, hay que saber valorar sus esfuerzos y normalizar los errores, desde el entendimiento y el respeto de los distintos ritmos de aprendizaje con los que contamos en un aula. Como suelo decir no todos los niños y niñas aprenden al mismo tiempo y de la misma manera. Por lo tanto, la visión que tenga el docente o adulto sobre el error tendrá una influencia mayor en los niños y niñas, siendo constructivo o no, para el proceso de aprendizaje de cada uno de ellos. La actitud o lenguaje del docente ante la presencia de errores, justificará la reacción-emoción que se genere en el niño ante los mismos. Por ello, lo conveniente, como llevo diciendo es ver los errores, como una puerta de aprendizaje, positivos eso si, al igual que los aciertos; favorecedores ambos del aprendizaje. El diálogo será una herramienta clave en nuestras clases, pues tenemos que conversar de los errores con actitud positiva, con el fin de mejorarlos y corregirlos naturalmente, sin generarles miedos. De esta manera, daremos confianza a nuestros discentes y conseguiremos que quieran compartir lo que están aprendiendo.
En mis clases particulares el error y los fallos son una herramienta didáctica y dinámica que me permite hacer protagonistas a los niños y niñas de su proceso de aprendizaje. Para mi, es una guía para detectar aquello a lo que debemos dedicar más tiempo o incluso utilizar otra dinámica para su aprendizaje. Dar a conocer los errores invita a corregirlos, desde su autonomía e iniciativa para curiosear, indagar y aprender activamente.
"Los niños deberían sentirse seguros para poder equivocarse en el colegio (Mar Romera, 2020).
No hay comentarios:
Publicar un comentario